14 de abril de 2011

Mudanza

La mudanza. Pasillo lleno de cajas. Quiero leer algo antes de dormir, pero voy a echar mano de un libro y me doy cuenta de que están todos metiditos en sus cajas. Ya cerradas. Vaya por dios.
En vez de leer escribo, sentada en el sofá, rodeada de vacío.
Es increíble la de cosas que acumulamos a lo largo del tiempo. "Tira lo superfluo" me han aconsejado hoy. Pero, ¿qué es lo superfluo? ¿Esa botella azul que me recuerda una cena en aquel restaurante? ¿Los posters que han pasado de casa en casa desde la Universidad? Los libros ni hablar... ¿Mis viejas botas?
No sé. Creo que lo pensaré mañana. O pasado.

4 de marzo de 2011

Lisboa, mon amour


Soñar es ver las formas invisibles
a distancia imprecisa, y, con sensibles
impulsos de esperanza y voluntad
buscar allá en la fría línea del horizonte
árboles, playas, flores, aves, fuentes:
besos que nos debía la Verdad.

Extracto de Horizonte (Mar Portugués) de Fernando Pessoa.

7 de febrero de 2011

Me pareció ver...

Es curioso como personas que no creí importantes en mi vida regresan a mi memoria más habitualmente de lo que cabría esperar. Un domingo paseando creo distinguir sus caras entre la gente, a lo lejos, y me sorprendo aguzando la vista, levantando el cuello para ver si son ellos. Y en una milésima de segundo me congelo y recuerdo con un mohín amargo que no puede ser, que es imposible, porque ya no están entre nosotros.

Murieron y yo no lloré. No es que me fueran indiferentes, sino que desaparecieron sin más, sin hacer casi ruido para mi. Apenas me llegó un eco sordo, lejano, de parte del amigo de un amigo en forma de "te acuerdas de..., pues murió". Así, seco y ajeno a mi vida.

Pero claro que me acuerdo del novio de aquella chica con la que me sentaba en Piazza di Spagna a ver a los guiris tropezarse con los escalones. Y de la Mujer Arte, vista de refilón por el quicio de una puerta romana encendiéndose un cigarrillo francés.

Por lo visto, sin querer, dejaron su particular impronta; esa que hace que levante la vista cuando me parece verlos caminando entre los vivos.

25 de noviembre de 2010

Silencio

El apocalipsis, el fin del mundo, de los días, se ha desatado entre esas cuatro paredes de color verde. Llenas de posters indiferentes son testigo de un cataclismo silencioso.
Ella le mira. "Mentiroso" le viene a la cabeza. Pero sin sobresaltos, sin gritos, como un susurro traído por el viento que la atormenta casi sin darse cuenta. Un viento áspero que le hiere la piel, los órganos, que en vez de dejar que respire le quita el aliento y la oprime.
Él la observa casi en silencio, una risita histérica sale de sus labios sin querer y ella lo toma como una ofensa aún mayor. "Cabrón". Malditas voces, maldito viento. ¿No se pararán nunca?
Ella decide irse. Sale a la calle donde el reloj vuelve a funcionar y todo sigue igual: la gente, el tráfico... ¿Cómo es posible? El mundo parece no darse cuenta de que todo ha cambiado.

24 de noviembre de 2010


Los días grises y fríos de noviembre me hacen pensar. Pienso que hace mucho que no escribo ¡con la de cosas que han pasado! Por ejemplo que en la oficina de correos ya no quedasen bombillas (algo que me deja atónita, porque después de los sellos ¿qué hay más importante que las bombillas en Correos? Pues no quedaban, oiga), que la compañía de teléfonos me hiciera enfadar (varias veces), que tengo una estantería nueva, que me he matriculado en la Universidad (otra vez), que me han traído la máquina de coser que era de mi abuela y que no sé enhebrar, que mis botas favoritas se han roto...

Y me levanto perezosa en estas mañanas lluviosas preguntándome: ¿qué cosa importante me pasará hoy? ¿tendrá un nuevo arañazo el coche? ¿me hablará el chico de la sudadera de cuadros del autobús? ¿me enfadaré? ¿conseguiré llegar a clase? ¿lloverá y me mojaré los pies? ¿hasta cuándo aguantará mi maltrecho paraguas negro?

Puede que pase algo importante; o puede simplemente que sea un día normal en el que de repente me dé cuenta de quién soy y de que no me gustan los días así. Y entre tanto rezo para que mi paraguas aguante.

17 de septiembre de 2010

Ancha es Castilla



En ese espacio sin fronteras, en el que no hay delante o detrás, ni derecha ni izquierda, es donde encontré la respuesta: da igual hacia donde ir, todo mi mundo va conmigo.

11 de agosto de 2010

Sevilla- Bilbao

Sevilla, Avenida de Hytasa, a las 3 de la tarde con más de 40 grados seguro, aunque yo ya ni miro el termómetro. Bajo por la calle intentando ir por la sombrita, esquivando las gotas que caen de los aires acondicionados incrustados en las fachadas. Alguna me salpica, es inevitable. Voy pensando en lo que meteré en la maleta: vaqueros, chaquetas de punto, algo de abrigo. En el norte hace frío, por lo menos 20 grados.
Pasa un coche con una música que lo mismo podría oirse en cualquier calle de una ciudad de Marruecos, una mezcla de música árabe y flamenco y hip hop a todo volumen. Qué diferente de cualquier sonido que oiré mañana en Bilbao. Una mujer vende aceitunas por la calle. Dos hombres se gritan de una acera a otra. Calor. Paro un taxi. Pienso que mañana estaré en casa, solo que ya no es mi casa y no sé cómo explicarlo.